Sábado - 18.Noviembre.2017

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Camino de Santiago desde Madrid en bici, etapa 5

 Tras haber sido precavido y habiendo comprado un par de botellas de agua para el día siguiente, la noche en el Hostal San Martín se me hace larga debido al calor. Y eso que durante la noche comienza a refrescar, pero sigo dándole vueltas a todos los problemas que he tenido los días anteriores y, por aquello de evitar otros mayores, decido abandonar Mansilla de las Mulas a la intempestiva hora de las 5:30 de la mañana.

 

Realizo los primeros kilómetros a un ritmo relativamente bueno sabiendo que, además, estoy muy cerquita de León (apenas 17 kilómetros) y que debo pasar por la ciudad. Lo que pensaba que iba a ser una etapa de transición comienza a darme problemas ya al pasar por León, y es que tardo una barbaridad de tiempo en cruzar la ciudad siguiendo las indicaciones del camino que, por otra parte, están bastante bien salvo en algún punto concreto, pero no resultan complicadas.

 

Tramo entre Hospital de Orbigo y Astorga

 

Lo que sí se complica es el trayecto siguiente, circulando un buen tramo por la mismísima carretera LE-20; mi habitual temor a estar entre coches me hace ir con mucha prudencia y falta de ritmo. salgo por la N-630 y tomo dirección a la N-120 tal y como indican las flechas amarillas del camino. Entonces me desvío siguiendo indicaciones hacia la AP-71, en donde encuentro un camino de continuos sube/baja que me está matando. Afortunadamente, el calor de otros días ha dado paso a una brisa suave que ayuda a avanzar, aunque el esfuerzo de ir con alforjas y mochila se nota pese a llevar poco menos de treinta kilómetros.

 

Tras hacer una parada en una gasolinera para retomar fuerzas y comprar bebida, compruebo que existen otros peregrinos que están viajando un poco más alejados de la autopista y cerca de la N-120; me da la sensación que he fallado en algún momento y que ése era el verdadero camino, como así compruebo con las dichosas flechitas al incorporarme al mismo. Alcanzo la localidad de Villadangos del Páramo y San Martín del Camino, desviándome de la N-120 cuando llevo unos 50 kilómetros para tomar dirección a Puente de Orbigo y Hospital de Orbigo. 

 

A estas alturas llevo casi cinco horas encima de la bicicleta y todo mi cuerpo me pide a gritos un descanso. Intento zafarme de dicha sensación haciendo pequeñas paradas, pero es como si el maldito cuerpo no quisiera reaccionar. Muy probablemente juega en mi contra saber que hoy al fin llegan mis compañeros de viaje para hacer la ruta a partir de mañana y, además, sin el dichoso peso de alforjas y mochila.

 

paraíso en el caminoparaíso en el camino 1

Todo lo del puesto tiene el mismo precio: la voluntad. Otra vez los ánimos arriba al ver la verdadera belleza del camino

 

Desde Hospital de Orbigo, y como tengo tan poquito cerebro, me mantengo en el camino en vez de circular por carretera (que era otra opción), por lo que encuentro terrenos de todo tipo en los que en ocasiones tengo que meter plato pequeño y piñón grande para poder avanzar. El sufrimiento es terrible, y si en este trayecto hubiera pasado alguien a recogerme le habría implorado que me llevara a casa en vez de sufrir este calvario sobre la bicicleta. Y sin embargo, el paraíso existe, y está entre Hospital de Orbigo y Astorga. No es un lugar en el cielo sino un pequeño puesto repleto de zumos, agua, frutos secos y frutas en el que, mediante un cartel aclaratorio en varios idiomas, se explica que todo aquello puede tomarse de forma gratuita o pagando la voluntad (¿?) Si, no hay trampa ni cartón, parece ser que un catalán de nombre David decidió, hace un par de años, ejercer de buen samaritano y ofrecer sustento a todos aquellos que realizaran el camino. Desde entonces, todos los días de todas las estaciones, a cualquier hora, cualquier peregrino que pase por allí puede comer, beber, sentarse e incluso leer los libros dispuestos al efecto sin pagar por ello si así lo desea. Hoy, de nuevo, vuelvo a estar feliz de realizar el camino.

 

Quedándome apenas 26 kilómetros de recorrido la dureza de la etapa se acumula en cada golpe de pedal. En Astorga tengo que hacer un tramo a pie porque, curiosamente, el camino pasa justo por donde se pone el mercadillo, lo que hace que sea impracticable los días que, como hoy, dicho mercadillo está activo. Pasado Astorga quedan 20 kilómetros, dos decenas de miles de metros que recordaré siempre como agotadores física y psicológicamente. Tras setenta kilómetros de pedaladas encuentro subidas y más subidas, En este tramo paso de una altitud de unos 850 metros hasta los aproximadamente 1150 de mi destino: Rabanal del Camino.

 

Mercadillo en Astorga

 

Al llegar a la altura de Santa Catalina de Somoza acabo de superar una pendiente que me tiene roto. A la entrada del pueblo un amable lugareño se sorprende de mi lugar de partida: "Debes haber madrugado mucho", me dice, y después me asegura que ya no me queda mucha subida. Me mintió, me mintió mucho, pero si no me hubiera mentido de aquél modo que ahora entiendo tan piadoso habría pegado una patada a la bicicleta y no habría dado ni una pedalada más. Ya sólo quedaban once kilómetros. Tomando la carretera para llegar cuanto antes y evitar más sufrimiento inútil, las subidas continúan existiendo. Cada kilómetro parece la última subida hasta que te encuentras otra igual o mayor justo cuando alcanzas lo que creías la cima, alcanzo el pueblo de El Ganso y procuro no pensar para evitar bajarme de la bici ahí mismo.

 

Un poco más, sólo me queda un poco más, me digo. A lo lejos, con los ánimos por los suelos. el sudor por todo el cuerpo y mascando el polvo acumulado del camino, diviso una casa. Debo estar cerca, muy cerca, cerquísima, me animo. Efectivamente, llego a una curva antes de cruzar el río que me indica que ya sólo quedan dos kilómetros. Mantengo mi esperanza hasta que compruebo que son dos kilómetros de puras rampas de subida, si en los anteriores ya había un ligero ascenso la cosa se complica justo en este tramo final. Nada menos que veinte minutos de reloj he tardado en realizar este trayecto, todo un mundo que sólo compensaba por saber que casi podía tocar la recompensa con los dedos de la mano. La recompensa se llama Posada de Gaspar, se llama ducha, se llama bebida fría, se llama descanso… se llama fin de la etapa.

 

Aquí tienes todos los contenidos relacionados con mi camino:

 

Camino de Santiago desde Madrid, etapa 1

 

Camino de Santiago desde Madrid, etapa 2

 

Camino de Santiago desde Madrid, etapa 3

 

Camino de Santiago desde Madrid, etapa 4

 

Camino de Santiago desde Madrid, etapa 5 

Camino de Santiago desde Madrid, etapa 6

Camino de Santiago desde Madrid, etapa 7

Camino de Santiago desde Madrid, etapa 8

Camino de Santiago desde Madrid, etapa 9

El camino son las gentes que te encuentras.

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28/06/2011

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