Sábado - 18.Noviembre.2017

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Camino de Santiago desde Madrid en bici, etapa 9

Como no queremos llegar a Santiago excesivamente tarde decidimos que esta última etapa vamos a salir más temprano, por lo que quedamos a desayunar a las siete en vez de a las ocho, que es nuestra hora habitual. Tanto queremos madrugar que no nos damos cuenta de avisar en el hotel, que resulta que abre los desayunos un poco más tarde de las siete y por lo tanto tenemos que esperar fuera. Bueno, todos menos los hermanos Juan Carlos y José Ramón, que se han despistado un poco y tenemos que llamarles para decirles (mentirles, en realidad) que llevamos ya un rato largo esperándoles. Preparados todos para salir me doy cuenta que llevo un pedal roto y que la rueda trasera la tengo frenada, problemas ambos que debí arrastrar el día anterior pero de los que no fui consciente salvo por el hecho cierto de que me costaba más seguir el ritmo del grupo. Juan Carlos, nuestro McGuiver particular, se encarga de arreglar ambos puntos. Para la rueda lo tiene más sencillo pero en el caso del pedal ha de recurrir a un taller (neumáticos Guillán, de la cadena Euromaster) en donde muy amablemente nos ceden la herramienta necesaria.

Pedal rotoTaller Euromaster de Melide

Mi pedal roto y el taller donde amablemente nos dejaron herramientas.

Salimos en dirección a Santiago con una mezcla de euforia y tristeza, pues a la alegría de llegar se une también la pena de saber que estos días de disfrute tocan a su fin. Al poco de salir nos encontramos con un vaquero que nos permite aprovechar su presencia para hacernos fotos entre las vacas, algo que dada la sonrisa del paisano debe sucederle prácticamente todos los días. Los caminos siguen siendo de una tremenda belleza, con zonas de penumbra que discurren entre árboles y otras abiertas en las que se pueden ver zonas más amplias del entorno gallego. Cada uno de nosotros intenta disfrutarlo como puede. Este día nos encontramos con todo tipo de peregrinos, una pareja que va en bicicleta y a la que pasamos y nos pasa en varias ocasiones, unas asiáticas súper simpáticas con las que intercambiamos fotos, un japonés con gorro típico de Japón incluido, un tipo la mar de extraño que va corriendo en cada bajada con una bandera de sudáfrica a la espalda y que, a pesar de ir a pie, avanza casi tan rápido como nosotros… en fin, una grandísima variedad de gentes que he intentado retratar con mayor amplitud en el post de El camino son las gentes que te encuentras.

Ciclistas y vacas, algo típico en el Camino de Santiago

 

Tras un par de paradas obligadas para disfrutar del paisaje y de la compañía llegamos cerca del que dicen será el último escollo del camino, el Monte Do Gozo. Desconozco de donde viene el nombre pero puedo asegurar que los últimos diez kilómetros antes de llegar a su cima no los recuerdo yo como una gozada en el sentido físico del término :-). Pasados ya más de cuarenta kilómetros de recorrido en la etapa, una subida de más de un seis por ciento de desnivel nos recuerda que todavía no hemos acabado la ruta. El esfuerzo se hace tremendo por todos los kilómetros recorridos y por saber que el final está cerca. Subimos con toda la fuerza que nos queda dejando atrás a gente que todavía se esfuerza más por estar haciendo el camino con alforjas, incluyendo a dos simpáticas asturianas (ver el camino es la gente que te encuentras). Queremos llegar y nos empeñamos en seguir pedaleando para no perder inercia, el final está cerca… pero no tan cerca como creíamos. Cuando coronamos esta pendiente algunos creemos haber llegado ya al Monte Do Gozo y nos hacemos fotos con una amplia sonrisa entre oreja y oreja. Los más realistas son conscientes de que, quedando unos diez kilómetros para llegar a Santiago, el Monte Do Gozo todavía no ha llegado.

Subida antes del Monte Do Gozo

 

Después del pequeño subidón de creernos arriba y del posterior bajón de saber que no lo estábamos, nos dirigimos hacia los últimos kilómetros de nuestro camino. Una pequeña bajada nos da aire hasta llegar a otro punto en el que de nuevo las cuestas parecen empeñadas en impedirnos llegar. Santiago, Luis y yo pedaleamos casi con rabia para poder superar este último escollo. Pedalada a pedalada nos alejamos de nuestros compañeros con la intención de terminar de una vez con la agonía de sabernos tan cerca y no llegar nunca… y tanta rabia le ponemos que nos perdemos, jajajajaja. Sí, apenas a tres o cuatro kilómetros de culminar, nos pasamos una de las famosas flechas amarillas y acabamos en un cruce de caminos que nos hace dar vueltas sin sentido. Recorriendo el camino a la inversa tras un bonito tiempo perdido, los tres nos dirigimos hacia el verdadero camino y llegamos a destino agarrados entre nosotros. Gran esfuerzo, estupenda recompensa la de compartirlo con estos compañeros. Mientras, José Luis, José Ramón y los dos Juan Carlos han llegado ya hace un tiempo al Monte Do Gozo y están haciéndose fotos a los pies de la estatua que lo preside.

Como sabemos que a partir de este punto ya no existen más esfuerzos que realizar (en bicicleta al menos), decidimos comer en algún lugar cercano. Con opiniones repartidas, terminamos comiendo en un un lugar llamado "parrillada a reventar" que resultó ser un fiasco. A pesar de la buena actitud de los camareros parece que la dirección del establecimiento tiene claro su principio de máximo beneficio. Tanto es así que al ser preguntados si queríamos unos licores (que suele ser indicativo de que te invitan a los mismos) resultó que éstos iban a ser cobrados, a lo que dijimos que nos parecía mal. Así pues, la invitación se produjo…. aunque como podéis comprobar por la foto más que a un licor nos invitaron a medio… y gracias :-)

Medio chupito de hierbas

 

La entrada a Santiago la realizamos poco después. Todos juntos, perdiéndonos incluso por las calles de la ciudad para volver a encontrar el camino poco después. La bajada hacia la plaza se produce a muy poca velocidad, saboreando cada momento, viviendo la situación en común, esperando poder posar frente a la catedral y tener una prueba fehaciente de que sí, nosotros hemos realizado el camino. Lo hemos hecho juntos, en bicicleta, con momentos mejores y peores, con vivencias de todo tipo. Hemos realizado un camino que será sin duda recordado por todos y cada uno de nosotros. Recordaremos los lugares, pensaremos en los paisajes, contaremos una y otra vez aquella anécdota o aquel suceso, nos reiremos de nuestras dudas, nos sentiremos orgullosos de haber llegado al destino pero, ante todo, recordaremos esa curiosa sensación que nos atrapó durante todo el camino. Buen camino, te decían por donde pasaras, y todos nos sentíamos parte de un reguero de gente que parecía haberse abstraído de su vida habitual para entrar en un mundo más pacífico y mejor avenido. Hacer el camino de Santiago no es realizar un trayecto desde un punto de partida a un punto final, es compartir un espíritu más abierto y generoso con gentes de todo tipo de procedencia. Si has hecho el camino sabes de lo que te estoy hablando, si no has hecho el camino te recomiendo que lo hagas, vivirás más allá de lo que cuento, entenderás la inenarrable sensación que no puedo, aunque quiera, transmitir.

Ciclistas frente a la Catedral de Santiago

 

Aquí tienes todos los contenidos relacionados con mi camino:

Camino de Santiago desde Madrid, etapa 1

Camino de Santiago desde Madrid, etapa 2

Camino de Santiago desde Madrid, etapa 3

Camino de Santiago desde Madrid, etapa 4

Camino de Santiago desde Madrid, etapa 5 

Camino de Santiago desde Madrid, etapa 6

Camino de Santiago desde Madrid, etapa 7

Camino de Santiago desde Madrid, etapa 8

Camino de Santiago desde Madrid, etapa 9

El camino son las gentes que te encuentras.
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08/07/2011

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